¿Los objetivos tienen carácter?
Bajo este titular que bien podría haber firmado yo mismo nuestro filósofo de cabecera escribe uno de sus ensayos poéticos que a mi me ha parecido de lo más interesante: habla de lo antiguo y lo moderno, de la percepción analógica y la digital, de la inercia tecnológica de las máquinas pulidoras de lentes, del diseño a mano y del computerizado, de la colaboración entre el hardware y el software y sobre todo habla de compromiso y equilibrio, y de las variables que el diseñador tiene que manejar para obtener un producto no perfecto, pero si equilibrado y digno, y además ajustado en prestaciones, volumen, peso y precio.
Ciertamente no es fácil diseñar primero, construir después, y ensamblar al final un objetivo que cumpla con nuestras expectativas.
Es por eso que no menos de tres mil millones de canonistas desesperados y los cinco mil millones restantes que no lo son esperamos expectantes la aparición en el mercado del nuevo EF 24-70F2,8-4L IS USM que supondrá el más alto paradigma en el diseño óptico de objetivos universales. Amén, que quiere decir: así sea.
Como bonus track y con un carácter mucho más mundano e infinitamente menos trascendental, el bueno de Thom pasa revista al estado del arte de los zoom de rango medio naturalmente en montura Z.
Es tanto un aviso a navegantes, a navegantes Z, naturalmente, como una sesuda guía de compras. De verdad que a mí me gustaría tener como amigo a un Thom Hogan canonista. Pienso que haríamos migas. En fin, que le vamos a hacer, en mi próxima reencarnación todo cambiará.
No hace falta leer a ese señor para saber que sí. Los objetivos tienen carácter, a pesar incluso de japoneses, de digital y de software.
Solo me remito a una pequeña frase de artículo de un ingeniero de Zeiss (que hablaba de la interpretación de las graficas MTF), que decía algo así:
«Diseñar un objetivo implica utilizar complejas técnicas pero, también es un arte”.